Me cuesta horrores una etica del placer para la lectura. Creo que hacia mediados de la secundaria me asalto sin razon aparente un mandato iluminista del tenor "joven, tienes que ilustrarte". Sin abandonar mis autores preferidos ni el disfrute de la lectura en si, empece a abordar muchas obras por una curiosidad mas basada en lo academico o canonico que en lo personal o placentero. El resultado no fue del todo malo, quiero creer. Tampoco puedo mentir no haberme comido algunos bodrios por un apego idiota a "lo que hay que leer".
En lo poetico, la cuestion se complica mas aun. Lector asiduo de poesia amorosa, me dibujo sin embargo como un amante de la sobriedad, quizas la actitud tanguera. La tragedia infinita vestida de
no es para tanto, de
mira la perfeccion de mi soneto, de
no me daras cabida pero toma, comete esta oda. Por eso, creo, disfruto la poesia de Borges. Por eso, sospecho, me da ganas de salir con una Remington a cada poema de Benedetti que escucho recitar a las oficinistas de mi post anterior. La poesia como "expresion de los sentimientos" me saca de las casillas. Ortega decia en "La deshumanizacion del arte" que crear o reforzar intencionalmente un estado animico mediante la exposicion a un tipo de arte (poner musica sentimental si uno esta triste) es un uso muy elemental y pobre. Culpaba a los romanticos (otra de mis relaciones amor-odio) de esta costumbre.
Volviendo a lo poetico, Cortazar parece ser mi frontera. Huelga repetir mi gran aprecio por su prosa. En cuanto a su poesia, me parece que a veces roza la cursileria. Sin embargo, el juego siempre presente, el aspecto ludico, evitan mis reacciones exageradas ante cualquier cosa que se acerque a lo melodramatico. Disfruto enormemente muchos de sus poemas; algunos me parecen sobresalientes. No se cual es la vision de la academia sobre su obra poetica en general.
En fin, sin mas preambulos.
El futuro Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado, ni en el gesto
de elegir el menú, ni en la sonrisa
que alivia los completos en los subtes,
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes o una blusa.
Me enojaré, amor mío, sin que sea por ti,
y compraré bombones pero no para ti,
me pararé en la esquina a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré los sueños que se sueñan
y sé muy bien que no estarás
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles y de puentes.
No estarás para nada, no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.
(Julio Cortazar,
Salvo el Crepúsculo)